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Un bonsái no es un árbol que no crezca, es un árbol al que se le impide crecer, al que se le van podando ramas, cortando raíces, manipulando su crecimiento natural, a capricho absoluto de su cultivador. Pero al mismo tiempo, se va regando y cuidando con esmero para mantenerlo, porque el verdadero placer es que crezca bajo el control de sus manos y de su imaginación. Y así obtiene “su obra”. Es decir, la misma persona que va “destrozando” la planta es la misma persona que le permite que siga viva. Profesor psiquiatra forense Lorente Acosta (El efecto Bonsai)

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LA ARMONÍA DEL SILENCIO, mi nuevo blog.

LA ARMONÍA DEL SILENCIO, mi nuevo blog.
A veces, me refugio aquí.

22 ago. 2009

DESEO NEGRO: La balada negra de Bertrand Cantat (ENTRADA PROGRAMADA)



"Los daños, los excesos...
os los van a hacer pagar
y las cenizas que queden
no las recogerán ellos".
Bertrand Cantat
(De su nueva canción
Ganadores / Perdedores)










Agonizando estuvo durante cinco horas mientras el “presunto” homicida pensaba qué hacer. Después de sumirla a golpes en el estado de coma, Bertrand Cantat trataba de aclarar sus ideas para indagar la salida menos perjudicial para sí mismo. Probablemente, durante esas cinco horas en las que la vida de Marie Trintignant iba cediendo desasistida, violentada y sacrificada, Bertrant Cantat emplearía la mayor parte del tiempo de espera en cavilar sobre alternativas que le sirvieran para construir un argumento sostenible ante la policía. Porque esta vez aquello se iba a desc
ubrir.
Una espesa densidad de horas con Trintignant muriendo y Cantat maquinando cómo evadir la responsabilidad. Es casi seguro que escucharía su respiración debilitada, que la viscosidad de la sangre coagularía ante su vista, incluso que movimientos reflejos de un cuerpo descompuesto por la violencia acompañarían la nerviosa desafección reflexiva de Bertrant Cantat con Marie Trintignant expirando. No obstante, ajeno aguardó Bertrant la quinta parte de un día para alertar a las autoridades sobre su crimen, autoridades que procurarían una asistencia que se reveló tardía.
Marie Trintignant estaba rodando una película en Vilnius, la capital de una de las repúblicas bálticas tan geográficamente próximas como anímicamente ajenas a Rusia. Allí acudió su pareja, el cantante francés Bertrant Cantat, a matarla. Ignoramos si en algún instante hubo premeditación homicida, aunque la premeditación es un proceso de complejidad psicológica demasiado evasiva como para caber en una palabra. Los medios de comunicación han barajado diversas hipótesis acerca de las causas que llevaron a Cantat a presuntamente matarla a golpes revestidos del descabello execrable de la indiferencia. Con la presunción de inocencia en la mano, habría que condenarle al infierno sólo por esperar a ver cómo se desangra una vida por él descalabrada. Algunos comentarios dejan traslucir que los celos del agresor y tal vez alguna ingesta de drogas hayan tenido aparentemente algo causal que ver.
No falla. Ante el estupor del asesinato de una mujer, ventilado por los medios de comunicación, el vecindario próximo y el lejano escudriñan los informativos por si encontraran un ingrediente en el marco del crimen que convierta a la bellaquería en más comprensible, sobre todo en atribuible a causas externas al asesino. Como si el asesino no lo fuera más que por imposición. Entonces, cuando se descubre que bebía, que se drogaba o que estaba en tratamiento psiquiátrico, entonces sí, entonces bueno, ya lo comprendemos mejor. El avanzado primate social y grupal que somos necesita cláusulas de exclusión del mal para no sentir que el otro, el malvado, es igual que él y que por tanto el agresor puede estar potencialmente latente en cada uno de los observadores que se creen a salvo del mal. Si se drogaba o bebía, como nosotros no nos drogamos, pues ahí reside la causa de su vena homicida y nuestro distanciamiento respecto a ella. No nos puede pasar a nosotros, nos consolamos.

Sin embargo, la investigación sobre los agresores sistemáticos revela claves interesantes sobre la conducta depredadora de ciertos homicidas. Algunos actúan bajo la influencia de alcohol o drogas. Nuestra ley procesal considera una circunstancia modificativa de la responsabilidad criminal, un atenuante generalmente, la ejecución de un acto asesino bajo los efectos del alcohol.
Pues bien, déjenme decirles que muchos agresores utilizan el alcohol como facilitador de la violencia. Aquí, la propia ley contemplaría que la atenuante desaparece, puesto que se ha utilizado la droga como senda instrumental para cometer el delito. El proceso se denomina “impulsividad planificada”. De tal modo, el agresor se va situando en el escenario en el cual sabe que va a “perder el control” de su conducta y va a descargar una paliza sobre la mujer. Esa pérdida de control es fingida, es premeditada, y se facilita ingiriendo alcohol, que es un desinhibidor de la conducta. Una situación típica de impulsividad planificada, que habrán padecido multitud de mujeres torturadas, es aquélla en la que ella ha salido del hogar y él se presenta en casa antes de lo previsto. Ante la ausencia de ella, el agresor comienza a hablar consigo mismo, a cuestionarse el porqué de que la mujer no esté en casa, a su vista, para servirle en aquello que a él le plazca. Comienza a rumiar, la activación hostil se desencadena, y el agresor busca la botella para acompañarlo. Recrea anticipadamente la escena. En cuanto ella entre en casa la hostigará con preguntas, la acosará buscando algo en sus respuestas, o en su terror, que le sirva a él para cuadrar perfectamente su enfado autoinducido y para culparla de cualquier cosa que se le ocurra. El objetivo es buscar la excusa, la chispa, para la violencia. Las patadas y los puñetazos no son aquí fruto de la pérdida de control, sino de la planificación para el descontrol. La vileza del mecanismo es todavía más sangrante si cabe, porque el alcohol se instrumenta para golpear o matar mejor, con menos repercusión para el criminal. Así que, cuando vuelvan a escuchar aquello del alcohol como excusa, acuérdense de mí y de esto que han leído.



El 15 de octubre de 2007, tras cuatro años de cárcel, Cantat salió de la prisión de Muret (departamento francés de Haute Garonne) al serle concedida la libertad condicional por su buena conducta y su "clara intención de reinserción social". Tenía terminantemente prohibido hablar en público del caso Trintignant y utilizar el nombre de la fallecida en ninguna canción, así como producir videoclips de promoción.
Cantat se escondió en Las Landas y comenzó a urdir lo que, un año después, acabó viendo la luz: el regreso de Noir Désir. Dos nuevas canciones, Ganadores / Perdedores y Le temps des cerises quedaron colgadas en la Red dentro de la nueva web oficial de la banda (www.noirdez.com). En cosa de cuatro días, y sólo en YouTube, los dos temas recibieron más de 125.000 visitas.


Fuente: http://www.redfeminista.org/
http://www.elpais.com/

7 comentarios:

  1. Son unos auténticos hijos de puta,perdonadme por la expresión.

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  2. Ni idea tenía de este caso. Cuesta creer que semejante asesino hay salido libre y siga cantando, además, como si nada hubiese pasado.
    Indignante. Ni quiero pensar en lo que estará sufriendo la familia de la muchacha.


    Saludos!!!

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  3. Recuerdo este caso, pero no sabía que ya estaba en libertad ni sus nuevas composiciones musicales.
    Demasiados atenuantes para que su condena sea leve y quién atenua el dolor de las víctimas, de la familia...

    Abrazos de cariño

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  4. ASI FUNCIONA LA JUSTICIA ¡¡¡¡VERGONZOSO!!!!

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  5. "comprenne qui pourra"
    "que lo compreenda quién pueda"

    juzgar sin saber es una forma de asesinato

    Firmado: Ramiro Osorio
    rami.osorio@gmail.com

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  6. Este caso no es asi del todo. Tienes mucha razón en todo lo que dices cuando relacionas el alcohol con el asesino y me pareció una reflexión muy interesante... Pero soy estudiante de filología francesa, estoy especializada en el tema de la música francesa y este caso deja lugar a muchas dudas: resulta que Bertrand Cantat no fue (presuntamente) a matarla, sino que, habiendo encontrado unos sms del ex-marido de Marie en el móvil de ésta, viajó a Vilnius para reprochárselo, y parece ser que en plena discusión él la empujó con tal mala suerte que ella se cayó por unas escaleras y se dio en la cabeza (lo que provocó el estado de coma y, unos días después, la muerte). En Francia se especula mucho con este tema, está claro que nadie puede saber la verdad absoluta.

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  7. Tuky, agradecer tu paso y sobre todo comentario hacia esta entrada, como bien dices, la duda de lo que pasó realmente puede quedar en el aire, yo soy la primera que no quiere juzgar un hecho como este sin una exactitud, lo único claro es el fallecimiento de esta mujer (aposta o no) por parte de su pareja (un empujón es maltrato tambien).
    Quizás algún día pueda abrir otro blog, pq no haya nada q decir sobre el maltrato hacia las mujeres al quedar erradicado, pero supongo q no es más q una utopía.

    Un saludo

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Seria interesante saber tu opinión. Gracias.

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