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Un bonsái no es un árbol que no crezca, es un árbol al que se le impide crecer, al que se le van podando ramas, cortando raíces, manipulando su crecimiento natural, a capricho absoluto de su cultivador. Pero al mismo tiempo, se va regando y cuidando con esmero para mantenerlo, porque el verdadero placer es que crezca bajo el control de sus manos y de su imaginación. Y así obtiene “su obra”. Es decir, la misma persona que va “destrozando” la planta es la misma persona que le permite que siga viva. Profesor psiquiatra forense Lorente Acosta (El efecto Bonsai)

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LA ARMONÍA DEL SILENCIO, mi nuevo blog.

LA ARMONÍA DEL SILENCIO, mi nuevo blog.
A veces, me refugio aquí.

8 dic. 2008

CARTA A UN MALTRATADOR

Carta a un maltratador

Fernando Orden Rueda, 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático de Badajoz.

II Premio del II Concurso Nacional "Carta a un maltratador", convocado por la

Asociación "Juntos contra la violencia"


Carta a un maltratador


Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado,

porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado,

escupido, insultado... porque la has maltratado.

¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad?

Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo

y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas:

detergente, bayetas, verduras...

Es entonces, en medio de una discusión cuando tú,

con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda.

Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo

y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable.

¿De qué se queja?


Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta.

Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá

estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa,

la cara pálida, con ojeras.

No había dormido en toda la noche, como otras muchas,

por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses

y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza

con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera.

Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado

tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas.

Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa.

De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta

y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio.

Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también.

Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos.

En ocasiones ella se había preguntado:

¿y si hoy se le va la mano y me mata?

La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba

en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar

y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías.

Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad.

Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…

Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta.

Mamá dijo que no era el momento ni la situación,

suplicó que te acostases, estarías cansado.

Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres.

La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared.

Como siempre, al final ella terminaba cediendo.

Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas.

De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-,

sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar.

Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento.

Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla.

Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla.

Y lo que funciona mejor es la fuerza:

puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes.

Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir.

Salía la sangre y yo me debilitaba.

Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá.

Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá.

Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón:

por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo.

También por mí que sólo fui un feto a quien negaste

el derecho a la vida


Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra.

Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia,

te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino.

Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá.

Ni saber que otros hijos felices de padres humanos

señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador.

Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.

NOALMALTRATO.gif picture by basileia_2008

1 comentario:

  1. yo no puedo mas despues de denunciar e intentar salir mi hijo de 14 años sigue los pasos de su padre y me da mucho miedo caer otra vez en esa maldita enfermedad llamada depresion yo lucho pues perdi años de mi vida en lagrimas y no quiero otra vez caer,,,todo el mundo te dice que ya se dara cuenta pero mientras queeeeeeeeee

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Seria interesante saber tu opinión. Gracias.

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