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Un bonsái no es un árbol que no crezca, es un árbol al que se le impide crecer, al que se le van podando ramas, cortando raíces, manipulando su crecimiento natural, a capricho absoluto de su cultivador. Pero al mismo tiempo, se va regando y cuidando con esmero para mantenerlo, porque el verdadero placer es que crezca bajo el control de sus manos y de su imaginación. Y así obtiene “su obra”. Es decir, la misma persona que va “destrozando” la planta es la misma persona que le permite que siga viva. Profesor psiquiatra forense Lorente Acosta (El efecto Bonsai)

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LA ARMONÍA DEL SILENCIO, mi nuevo blog.

LA ARMONÍA DEL SILENCIO, mi nuevo blog.
A veces, me refugio aquí.

17 jun. 2009

¿QUE HACER SI MI HIJA HA SIDO MALTRATADA? (entrada programada)























Algunas de las razones por las cuales las jóvenes no cuentan a nadie sobre la violencia que sufren son:
  • El miedo a que las personas adultas subestimen lo que les ocurre. Temen a que no les den
importancia.
  • Creer que controlan (y controlarán) la situación.
  • Creen conocerle a él y saber cómo llevarle.
  • El miedo a tener que iniciar una acción judicial. La justicia parece un lugar reservado sólo
para “cosas más graves”.
  • El miedo a perder su libertad (una vez que los padres se enteren de la violencia). Creen que
serán controladas en todo momento.
  • El miedo a la falta de confidencialidad. Creen que “todo el mundo” se enterará de lo que les
ha sucedido.
  • El temor a la presión de la familia y amistades para que se aleje del agresor cuando ella aún
piensa que lo ama. Ella aún puede tener sentimientos contradictorios y no está decidida a poner fin a esa relación.
  • La vergüenza frente a la familia y amistades que muchas veces alertaron del comportamiento violento del agresor. Admitir que tenían razón, que ella se ha equivocado puede ser muy duro.
  • Preocupaciones por su estado inmigratorio o el de su familia. Si en la familia hay problemas de “papeles” temen que denunciar este hecho sea parte de un operativo mayor que llevará a la expulsión del país o similar.
  • Vergüenza y temor por las repercusiones de un arresto. ¿Qué pasaría si lo arrestasen? ¿Sería ella la culpable? ¿Los amigos la despreciarían?
  • El miedo a la reacción del agresor. A veces, éste la amenaza con una agresión mayor (hacia ella y/o hacia su familia) si lo denuncia o le promete que si no lo denuncia la dejará tranquila para siempre. Una de las tantas formas de manipulación que la víctima sufre por parte de su pareja, que es el agresor.
Las reacciones de los padres al conocer los hechos
violentos, oscilan:

  • Entre la furia del primer momento, en el cual quisieran aplicar la justicia con sus propias manos. Esa sensación de traición a la confianza ofrecida por la familia, de querer salir a “pagarle con la misma moneda”.
  • Hasta el desconcierto de pensar que “no deben intervenir”, “que ella es mayor y sabe lo que hace”, “que si se enfadan con ese chico su hija se enfadará con ellos y no los querrá ver nunca más y será peor”. “Es algo que pasará”, piensan, a la vez que se debaten entre el miedo a perder la confianza de su hija y ver que algo grave está sucediendo.
La angustia los confunde y los interroga:


  • ¿Cómo actuar frente a una hija que, aún siendo mayor de edad, aparece en este momento como una niña, más vulnerable y atemorizada que cuando tenía 5 o 6 años?
Y se preguntan:
  • ¿Qué puedo hacer?
  • ¿Qué debo hacer?
  • ¿Hasta dónde implicarme?
  • ¿Cuándo intervenir?
  • ¿Cómo hacerlo?
  • ¿Dónde ir a buscar ayuda?
¿Qué puedo hacer?


Es fundamental que el círculo de amistades y familiares más cercano sepa que es mucho y muy importante lo que pueden hacer para ayudar, prevenir y paliar los efectos presentes y futuros de la violencia que padece esa joven a quien seguramente quieren.
Tanto en la prevención como en el proceso de recuperación de una joven víctima de violencia por parte de su pareja, el círculo cercano que la arropa y le brinda contención, es siempre un lemento fundamental. Su intervención acertada puede evitar situaciones de violencia y muchas veces hasta salvarle la vida.
Una de las diferencias de la violencia en la pareja de mujeres jóvenes, es que en éstas, el grupo de amistades puede ejercer una influencia enorme para tomar conciencia y ayudarlas a lograr alejarse del agresor. En la juventud, el grupo de amigas y amigos es muy importante y apreciadoa. Los padres deben acercarse a las amistades de su hija que ven que la están ayudando o podrían hacerlo.
El aislamiento es el factor de mayor riesgo para una víctima de violencia. El agresor siempre intenta aislarla, separarla de sus amistades y de su familiaa. Los padres o tutores deben saber que su presencia puede evitar situaciones de alto riesgo.
Para contrarrestar este efecto de aislamiento deben:

  • Arroparla
  • Llamarla por teléfono
  • Atenderla
  • Estar muy presentes
  • Hacer “una red” entre amistades y familia cercana, turnándose para estar en contacto permanente.
  • No enfadarse ni ofenderse si ella muestra fastidio por las llamadas. La próxima llamada telefónica o visita es conveniente que la realice otra persona de esa red.
  • No permitir que el agresor logre aislarla aumentando la vulnerabilidad de la joven, favoreciendo las situaciones de dominio y sometimiento.
La violencia y las amenazas de muerte son un delito y están penados por la Ley.

Por lo tanto:

Familiares, amistades y vecinos que conozcan la situación, pueden denunciar si lo creen pertinente.
Si duda entre denunciar o no, pregúntese:

¿Creería que está bien denunciar el hecho si el autor fuese una persona desconocida?


¿Qué hacer si es la víctima la que llama a casa de los padres y/o amigos?


Sepa que podrá haber situaciones dónde la joven pedirá ayuda. Por ejemplo, si la joven llamase por teléfono solicitando ayuda claramente o si usted notase algo extraño en la voz que le indicase una señal de alarma o extrañeza, lo primero que debe preguntarle es DÓNDE ESTÁ ELLA.
De modo práctico y tranquilo. Apunte todos los datos que le permitan llegar hasta allí sin inconvenientes.
Esta información es de vital importancia.
Lo óptimo sería que alguien se acerque al lugar mientras otra persona permanece al teléfono tratando de calmarla, acompañándola y logrando darle alguna indicación que la proteja. Por ejemplo: que eche llave a la puerta de la habitación en la cual se encuentra y permanezca allí hasta que llegue la ayuda necesaria.
Si es preciso avisar al servicio de emergencias hágalo por otro teléfono (o que lo haga desde un móvil o teléfono público, otra persona de la red o la persona que se trasladará hasta donde está la víctima).

Algunas recomendaciones para la casa de los padres:


Cuando compruebe que su hija está siendo víctima de violencia por parte de su pareja trate de conservar en su propia casa:
  • Un duplicado de las llaves del piso donde vive la pareja (si es que ella vive con él). Explíquele a su hija qué sólo la utilizará en situación de emergencia, y que además puede ser de ayuda para ella misma si el agresor le quitara sus llaves o la obligase a entregárselas.
  • Los originales de los principales documentos: partidas de nacimiento, escrituras de la casa, hipotecas, cuentas bancarias, certificados de estudios, etc.
  • Efectos de valor que sean muy apreciados por la joven y con los cuales el agresor podría hacerla regresar o extorsionarla con la excusa de recuperarlos, por ejemplo: mascotas o álbumes de fotografías de la joven.
No dude en realizar estas sugerencias. La práctica demuestra que el agresor puede valerse de cualquier excusa para que la víctima regrese y así lograr su fin o hacerla actuar según los deseos de él.
Cuantos menos elementos tenga a su alcance para ejercer presión y chantaje, menos vulnerabilidad tendrá la joven para lograr poner distancia al maltrato y a la violencia.
Muchas veces los efectos de valor afectivo o material o la documentación de importancia que se necesita recuperar, retardan la resolución de alejarse del agresor, aumentando el riesgo.

Es preciso que la joven sepa que si bien puede contar con el apoyo de sus seres queridos, y así podrá volver a retomar su vida sin necesidad de perder su libertad. Es necesario que quienes la ayudaron y apoyaron durante ese tiempo, sepan que su principal tarea ha concluido, y que es fundamental que ella recupere su vida lo más autónoma e independiente posible.

¿Qué debo hacer?
Ante todo:

Es muy importante aprender a detectar cómo son las primeras manifestaciones de la violencia en la pareja.

En un principio, la víctima cree que podrá controlar la violencia por parte de su pareja. En esta primera fase, la violencia suele ser de menor frecuencia y gravedad que la de fases posteriores, adoptando, a menudo, la forma de abuso emocional.
El agresor la descalifica con frases tales como: “–cállate, tú no sabes de esto–”; “–Ya te he dicho que no quiero que te vistas así–”

La joven intenta acomodarse al agresor para evitar ser agredida, permanece pendiente de sus gestos, de lo que a él le gusta y de lo que le irrita. Comienza así a aumentar su vulnerabilidad y su dependencia, olvidándose de sí misma, de lo que le interesa o no, y realizando sólo aquello que le satisface y apetece a él, creyendo que de este modo evita el enfado y la violencia posterior.

En este período es cuando ella se aísla, deja de frecuentar a sus padres y amistades, espaciando las visitas. Evita las reuniones con su círculo de amistades muchas veces, para evitar discusiones o malos tratos en presencia de terceras personas.

Es necesario que esté alerta a las señales que indiquen modificaciones de la conducta o de las actitudes hacia las personas cercanas y cambios repentinos de humor sin causa aparente.
La mayoría de los agresores combina la conducta violenta con otro tipo de comportamientos amorosos y complacientes, a través de los cuales convence a la víctima de que la violencia no va a repetirse, alternando dos estilos opuestos de conducta, como si se tratase de dos personas diferentes. También aparece afable y cordial frente al resto de la gente.
Preste mayor atención al trato que el agresor tiene con su hija que a la forma simpática y agradable que pueda demostrar con usted y el resto de su familia.
  • Es importante prestar atención a marcas o cicatrices, moratones o rasguños que ella pretenda ocultar o para los que no tiene una explicación coherente acerca de cómo ocurrieron.
  • Tome muy en consideración, si su hija dice “haberse caído” o “haber tropezado” con cierta frecuencia. Generalmente, las marcas de los golpes se enmascaran detrás de supuestas “caídas”.
En las fases más avanzadas, el agresor amenaza a la víctima con actos violentos muy graves si ésta llegara a abandonarle. Estas amenazas pueden incluir temor de que algo suceda, incluso, sobre la seguridad de los familiares de la joven. También pueden existir amenazas
de suicidio que la harán sentirse culpable.

Es preciso que ustedes, como padres sepan:

  • Que lo sucedido NO es culpa de ustedes.
  • Que ustedes NO han hecho o han dejado de hacer nada que haya provocado esa violencia.
  • Que la violencia del agresor es sólo producto de él y su carácter violento, y por lo tanto,
  • EL ÚNICO RESPONSABLE ES EL AGRESOR y solamente él. Nadie Más.

¿Hasta dónde involucrarme?






Es necesario que todo el círculo de gente allegada a la joven, se involucre y considere que pueden hacer algo muy importante para ayudarla. Hay que erradicar las creencias de que la violencia en la pareja es un asunto privado.
Es preciso que conozcan:
  • Que el vínculo con un hombre violento, intimida y quita la libertad de acción y de pensamiento.
  • Las secuelas del miedo, que él ha sabido inculcarle a ella, a través de amenazas, insultos, golpes y descalificaciones, acortan la capacidad de tomar decisiones y ser autónoma.
Por tal moti vo, el apoyo y la protección de sus padres y amistades son muy importantes. Hay que involucrarse desde el principio hasta el final.

¿Cuándo intervenir?

Desde el primer momento que sospeche o intuya que su hija (o amiga) puede estar siendo víctima de violencia por parte de su pareja.

  • No espere a ver golpes o marcas en su cuerpo.
  • No crea que usted, al pensar o intuir esto, está exagerando o aumentando los hechos. Es probable que la sensación o pensamiento de que existe un problema de violencia, aparezca cuando el problema ya lleva mucho tiempo sucediendo.

Si su hija se ha animado a confesarle que fue víctima de violencia por parte de su pareja:
  • Agradézcale haber confiado en usted.
  • Créale todo lo que relate.
  • No la agobie preguntándole detalles o situaciones precisas.
  • Escuche atentamente lo que describe. Adopte una actitud receptiva, sin preguntar y sin juzgar.
  • No censure, No cuestione, No pregunte.
  • Respete sus silencios.
  • Ofrézcale acompañarla a un Centro o Servicio de Asistencia especializada.
  • Deje muy claro, sin estridencias, que lo que acaba de relatar es una situación de riesgo para su vida, y
  • Que usted está allí para ayudarla.
  • Tenga paciencia. Respete sus tiempos.
Cuando finalice el relato:

  • Pregúntele cómo cree ella que usted puede ayudarla.
  • Asegúrese de saber si hay alguien más que conozca la situación.
  • Tome contacto con esta/s persona/s e intercambie sus pareceres.
  • Logre que esa/s persona/s formen parte de la “trama” en la red de contención y apoyo.
  • Explíqueles lo que usted conoce acerca del tema y sus riesgos, ofrézcales material explicativo y la posibilidad de consultar con algún servicio especializado cercano a su domicilio si lo necesitaran.
  • Trate de unificar criterios y posiciones respecto a lo que sucedió o está sucediendo y cómo actuar.

Si su hija tiene su confianza, le irá relatando los hechos en la medida que pueda hacerlo. Recuerde que lo que ella no le cuenta en ese momento no está ocultándoselo. Simplemente NO puede ir más allá en este instante. No insista en obtener detalles ni relatos más extensos cuando esto suceda. Tenga paciencia y espere, acompañándola.
Del mismo modo ocurrirá con las decisiones de alejarse de ese hombre o de no querer tomar contacto con él.
  • Si ella aún no está preparada o convencida para terminar con la relación, no la fuerce, no la apremie.
  • Espere y respete el tiempo de ella.
Mientras, usted puede actuar como lo haría si un extraño le produjese algún riesgo: conservando un estado de alerta y denunciando si presencia o tiene conocimiento de algún acto de violencia contra ella. Si como padres o tutores sienten temor o angustia, consulten a un Servicio de Asistencia especializado que posea un programa específico dirigido a mujeres jóvenes. Allí podrán orientarlos acerca de este problema. Intenten no transmitirle vuestra angustia y temor a ella.

¿Cómo puedo ayudarle?

En la juventud, se producen cambios muy significativos en la identidad de género. Esta es la época en que comienzan a establecerse las primeras relaciones de pareja con cierta estabilidad. Durante esta etapa, es importante ayudar a comprender que las relaciones de pareja deben
basarse en el respeto mutuo y la igualdad de derechos entre sus integrantes, sin que nadie se considere con el poder de conducir las acciones ni la vida de la otra persona.
Además es muy importante saber que:
  • Nada. Ninguna acción, por terrible que parezca, justifica la violencia ni el maltrato contra nadie.
  • Una víctima nunca es culpable de las situaciones de violencia. Ayúdela a no sentir culpa si ésta fuese su reacción.
  • Hay secretos que no hay que guardar, en especial aquellos que implican riesgos para la vida y la salud.
  • Comparta las reacciones de violencia del agresor –actual o pasada– de las que ha tenido conocimiento con las personas cercanas de la red.
  • Si la joven ha decidido romper el vínculo con el agresor, es muy importante que se la apoye y ayude a distanciarse de él.

La red de ayuda y apoyo, tiene que comprender que NO se está frente a la ruptura de una “pareja corriente”.
Ese vínculo se ha roto –o suspendido en un primer momento– porque, entre otras características, la pareja no estaba basada en el respeto mutuo y la igualdad.
Había una asimetría entre los derechos de ambos componentes donde uno de ellos, el hombre, ejercía poder y fuerza sobre la otra parte, la mujer, a quien sometía y controlaba. Y a quien él intentará seguir controlando y sometiendo aún a la distancia.
Si bien la joven tiene –generalmente– mayoría de edad desde lo civil, y desde lo jurídico puede decidir y responder por sus actos, desde lo psicológico, este hombre la controla y domina.
Esto no significa patología psicológica, o sea: no significa que la joven esté “enferma psicológicamente”, sino que demuestra la existencia de un déficit, una falta de claridad para decidir adecuadamente, que es transitoria y sólo sucede con referencia a ese hombre, ya que él ha sabido, progresivamente, apoderarse de sus deseos a través de conductas y acciones facilitadas por el enamoramiento.
Este ejercicio de la violencia contra la joven justifica que la red de apoyo la ayude y, a través de su intervención, favorezca el alejamiento del agresor:
  • No transmita noticias ni mensajes acerca del agresor.
  • Trate de cambiar los números de teléfono que él conoce y a través de los cuales puede tomar contacto con ella.
  • Responda siempre usted el teléfono de la casa.
  • No inicie ningún diálogo con el agresor, él tratará de conocer detalles y movimientos de la vida de su hija.
  • Si debe concertar algo con él, comuníquele lo que usted quiera. NO dialogue.
  • Evite los encuentros a solas con él.
  • Realice siempre los encuentros en presencia de personas cercanas y en lugares públicos.
  • NO le cuente a su hija ningún tipo de mensajes que el agresor intente hacerle llegar, él tratará con cualquier excusa, aún invocando motivos económicos o de salud, seguir controlando e influenciándola.
  • Si el agresor se personara en su domicilio, NO lo deje entrar a la vivienda. Bajo ninguna circunstancia.
  • Si sospechara que él merodea el domicilio, comuníquese con alguien de la red de amistades para que vayan al encuentro de su hija si ésta aún no hubiese regresado a casa.
  • Trate de comunicarse con ella para que modifique sus itinerarios de rutina.
  • Sepa dónde localizarla y establezca un modo de comunicación rápido y permanente (que puede incluir alguna clave) que le permita conocer si está en riesgo.
Con la red de apoyo que han integrado, realicen las acciones necesarias para:
  • Retirar los efectos personales de la joven, si los hubiese dejado en el espacio que compartía con el agresor.
  • Recuperar documentos y poner fin a tarjetas de crédito o bienes que tuvieran juntos.
  • Hacer una consulta jurídica especializada. En general, se ofrecen de modo gratuito en todos los servicios de Asistencia a la Violencia de Género.
  • Solicitar a su hija un poder a su favor, para solventar los trámites que ella debiera realizar para vender propiedades, saldar deudas, cancelar créditos, transferir coches, etc. Este poder se realiza en cualquier notaria y le permitirá a usted realizar los trámites que de otro modo debería hacer su hija. Esto evitará nuevos encuentros con el agresor.
  • Evite que su hija realice ninguna negociación o mediación con su ex pareja. Recuerde que él sabe cómo lograr de ella lo que desea. El resultado no será equitativo ni las decisiones serán igualitarias puesto que la relación no es simétrica, no es en igualdad de condiciones.
Si el agresor no cumple con una orden de alejamiento, debe avisar de ello a la justicia. Si la justicia ha emitido una orden de alejamiento, es necesario dar a conocer de esta instancia a:
  • Los porteros del edificio donde vive su hija.
  • El personal de seguridad del trabajo (o las personas de recepción).
  • El personal de admisión del lugar donde estudia la joven si concurriese a algún Colegio o Instituto de enseñanza.
  • Es necesario que la joven lleve consigo una copia de esta orden para exhibir a la policía por si debiese llamársela en una emergencia. Esto va a permitir que la policía actúe de modo diferente al conocer que hay una resolución judicial previa que le impide al agresor el contacto en cualquiera de sus formas.
Recuerde que su hija transitoriamente está impedida de resolver estas circunstancias. Por esto es necesario que la red de apoyo de su círculo cercano, le “preste” su energía y claridad para que se decidan situaciones que no podrían esperar el tiempo que llevará su proceso de recuperación.
Esta situación de protección y cuidado, NO puede perpetuarse ni prolongarse más allá del período de riesgo y hasta la recuperación de la joven. Es preciso recordar que estas acciones se están realizando sólo transitoriamente y por las características de las circunstancias de este momento.
Los servicios de asistencia con un programa especial para jóvenes contemplan la importancia de comunicar a la red de ayuda cercana los datos importantes relacionados con la seguridad y posibles riesgos que pueda tener la joven. También podrán asesorar respecto de cuándo es preciso dejar las prevenciones y el estado de alerta a su alrededor.

¿Dónde recurrir?


Siempre se debe recurrir a servicios especializados que asistan y asesoren a las mujeres víctimas de violencia de género, y que tengan una asistencia específica dirigida a mujeres jóvenes.
No es conveniente que las jóvenes, víctimas de la violencia de su pareja, compartan los grupos de ayuda mutua con mujeres que tengan gran diferencia de edad, que vivan realidades diferentes en la pareja y con las cuales no podrían identificarse ya que la imposibilidad de verse reflejadas
en la problemática con sus compañeras en un grupo es uno de los principales motivos por los cuales podría abandonar la concurrencia al Centro de Asistencia, obstaculizando de este modo su recuperación.

Si el grupo no es de edades similares, se corre el riesgo de que las jóvenes consideren que su problema, por ejemplo, no sea comparable al de aquella mujer que lleva 15 años casada, que tiene varios hijos/as con ese hombre y que piensa y siente diferente a ella porque pertenece a otra generación.
Existen varios servicios públicos que funcionan en los Ayuntamientos y que podrán darle la orientación adecuada.
No espere a convencer a su hija para que sea ella quien consulte, hágalo usted, acompañado/a de alguien de su confianza, o de alguien cercano/a que quiera y tenga la confianza de su hija.
No se avergüence de tener que compartir este problema con gente allegada. Ni ustedes ni su hija son culpables de lo que ocurre u ocurrió.
La vergüenza debe sentirla el agresor.
Autora: Sonia Vaccaro
ANTE LA PRIMERA SEÑAL
DE MALOS TRATOS LLAMA




6 comentarios:

  1. HOLA SU..LA VERDAD ES UN TEMA DELICADO DE TRATAR.YO VIVI DE CIERTO MODO UNA SITUACION DE VILENCIA DE GENERO POR PARTE DE UNA AMIGA YY SE PASA MUY MAL..INCLUSO ELLA LLEGABA A DECIR QUE EL NO ERA TAN MALO¡¡QUEHOROR!!
    ¿Y ESE CAFE?
    BESOS CIELO.MJ

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  2. Muy buena entrada, es genial toda la información que proporciona.

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  3. Tu ya sabes por el infierno por el que pasé yo. Sintiendome con verguenza por todo lo que me estaba pasando pasaron muchos meses hasta que me decidí hablarlo con mi madre, relacion que poco a poco iba perdiendo con ella, pero ahora me alegro pues fue mi mayor apoyo en esos momentos. Estuvo, está y estara siempre a mi lado, alentandome, secando mis lágrimas y sacando risas que pensé que nunca mas tendria.
    Me encanto esta entrada Susana.
    Besos amiga y vuelvo a decirlo, gracias por esta labor que haces.

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  4. Excelente y completísimo artículo que merece difundirse.

    Sigo felicitando por el compromiso de este blog!

    saludos!

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  5. Este es un gran artículo de ayuda...lo sé porque si mis padres lo hubiesen leído hace tiempo, quizás....bueno, no merece la pena pensar en lo que pudo pasar o no...

    Como siempre, chapeau por la ayuda que prestáis.

    Un besazo.

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  6. Fantástica entrada esta, quien mejor que una madre para ayudar a esas mujeres.... Chapou

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Seria interesante saber tu opinión. Gracias.

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