la cordura se acopla en mi ser,
y son en esos momentos de lucidez,
cuando me avergüenzo de la ironía,
donde la maldita minoría
oscurece a la gran mayoría.
Desde hombre maltratador o psicópata,
hasta hombre pedófilo o pederastia,
atravesando de cuajo al hombre que abusa ,
me olvidé del auténtico HOMBRE bueno.
Miles de palabras oscurecen mis entradas,
adjetivos o verbos dignos del propio Belcebú.
Odio, recelo, adversión o desprecio,
lo más repetido entre comentario y disquisición.
Pero por suerte, por gracia, o por bondad,
la mayoría de hombres que nos rodean,
se merecen otros calificativos,
que por infortunio, aquí no los mencioné.
A veces, entre el crepúsculo y el alba,
la sensatez se adueña de mí,
y parejo al brillo de la luna
vislumbro caminos ciegos
repletos de luces cegadoras,
donde poder sentir en cada rincón
el calor y el amor de aquellos HOMBRES buenos.
Y si el pasado nos acondicionó,
no dejes que el presente te acomode,
con cintas de oro y raso tapando tu visión
difícilmente los verás.
Con el corazón en la mano,
y el alma aún recomponiéndose,
me aventuro a gritar
todo aquello que callé,
agradeciendo a quienes su prioridad ante la mujer
fueron superiores ante una opción más,
y a quienes con un gesto, una mirada o tal vez su amor
me brindaron esa paz que nunca reconocí.
A todos y cada uno de.ellos,
a los que estuvieron
o a los que algún día vendrán,
GRACIAS por estar.








